La costumbre de las tarjetas del Día
de San Valentín
Antes de que la Iglesia Cristiana estableciese la fiesta del Día
de San Valentín, los romanos celebraban un festival a mediados
de febrero: era el Festival de Lupercio. En ese día, los jóvenes
romanos sacaban nombres de muchachas de una lotería. Las mujeres
que eran seleccionadas servían ese año de compañeras
a los hombres que las habían escogido, hasta que se celebraba
la próxima lotería.
Después que el Cristianismo se apoderó de Roma, la
Iglesia Cristiana intentó reemplazar esta fiesta por algo
de más gusto, así es que cambió la manera de
escoger los nombres, y, a partir de entonces, tanto los hombres como
las mujeres podían escogerlos.
Seguramente los jóvenes romanos se sintieron un tanto decepcionados
al encontrar en su tarjeta el nombre de un santo o santa cristiana
en vez de la maravillosa compañera que habían anhelado
hallar. En lugar de conseguir una compañera por medio de la
lotería, lo que les tocaba en suerte era una santa a la que
tenían que servir de ejemplo por toda un año.
Como resultado de esto, los romanos se disgustaron, ya que echaban
de menos a sus compañeras cada mes de febrero. Pero a algunos
de los muchachos se les ocurrió una idea: en lugar de esperar
que la mujer que admiraban apareciese en su tarjeta, se dedicaron
a mandar tarjetas con sus nombres a dichas mujeres. Esta tradición
se conserva hasta nuestros días.
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